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El turismo como laboratorio: el Gobierno flexibiliza turnos bajo la Ley 40 horas

29 de julio de 2026
6 min de lectura

El Gobierno prueba en turismo un nuevo cálculo para la Ley 40 horas. Lo que nadie explica: cómo se gestiona un promedio de jornada en ciclos de 15 semanas.

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El Gobierno ingresó esta semana un proyecto de ley que va a cambiar la forma en que miles de empresas chilenas arman sus turnos, y casi nadie lo está explicando con precisión.

Qué es exactamente, y qué no es

Primero lo importante: esto no es ley todavía. El presidente Kast presentó formalmente el proyecto al Congreso el 20 de julio (Mensaje N° 094-374), con "suma urgencia" —un estado de tramitación acelerada—, y hoy está en la Comisión de Trabajo y Economía de la Cámara de Diputados, con un plazo interno de 15 días para esa etapa. Falta votación en Cámara y después en Senado. Es un proyecto en trámite, no un cambio confirmado.

La Ley 21.561 (40 horas) sigue su calendario ya conocido y no se toca: la jornada bajó de 45 a 44 horas en 2024, de 44 a 42 en abril de 2026, y llegará a 40 en 2028. Lo que este nuevo proyecto propone es distinto: cambiar cómo se calcula el promedio de esa jornada.

Qué propone el proyecto, en concreto

Hoy el Código del Trabajo permite promediar la jornada dentro de un ciclo de 4 semanas. El proyecto contempla dos regímenes distintos:

  • Régimen general: amplía ese ciclo de cálculo a 16 semanas, manteniendo un tope de 45 horas ordinarias por semana dentro del ciclo.
  • Régimen especial para turismo (hoteles, restaurantes, bares, casinos, pubs, discotecas, operadores turísticos): permite ciclos de hasta 52 semanas —un año— pero solo mediante pacto colectivo o acuerdo con sindicato, no de forma unilateral.

El ministro Rau ha insistido en que esto no significa una jornada ordinaria de 52 horas semanales: "las 40 horas son las 40 horas", lo que cambia es el período sobre el que se promedian.

Por qué generó controversia

Desde la vereda crítica, la ex vocera de gobierno Camila Vallejo y la ex ministra Jeannette Jara cuestionaron públicamente si es razonable pensar en semanas de trabajo muy concentradas, incluso si el promedio del ciclo se mantiene dentro del límite legal. El Ejecutivo responde que el proyecto no reabre ni reemplaza la jornada de 40 horas, sino que le da a sectores estacionales una herramienta de distribución que hoy no tienen, y que el texto exige pacto escrito con calendario previo para resguardar la certeza del trabajador.

En paralelo, el Senado avanza en otro proyecto completamente distinto —el contrato por hora, con tope de 30 horas semanales, iniciativa de 2018 reactivada con patrocinio del Ejecutivo— donde también se discute si un aviso de turno con 24 horas de anticipación alcanza para que alguien pueda organizar su semana.

Los dos proyectos son distintos, pero comparten el mismo nervio: quién asume el costo de la variabilidad, la empresa o el trabajador.

El problema que nadie está nombrando

La discusión pública se está dando en términos binarios: ¿52 horas sí o no? Es una pregunta legítima, pero no es la que más le importa a quien tiene que operar esto en terreno si el proyecto avanza. La pregunta real es otra: ¿con qué sistema vas a comprobar, semana a semana, que un promedio calculado sobre 16 semanas —o sobre un año, en turismo— efectivamente cierra dentro del límite pactado?

Un ciclo de 4 semanas se puede seguir más o menos a mano, con una planilla y algo de disciplina. Un ciclo de 16 semanas, o de un año completo, con decenas o cientos de trabajadores rotando en distintos patrones estacionales, deja de ser un ejercicio de control y pasa a ser un problema de trazabilidad real: necesitas saber en cualquier momento del ciclo cuánto lleva acumulado cada persona, simular si una semana de temporada alta todavía deja margen para cerrar el promedio dentro de lo pactado, y dejar registro auditable para la Dirección del Trabajo. Eso ya no es una tarea de Excel, es una tarea de sistema.

No se va a quedar solo en turismo

El proyecto nace acotado a turismo, pero si el régimen general de 16 semanas se aprueba, aplica a cualquier empresa del país —no solo a la excepción turística. Y si el esquema de pactos por sector se valida, es razonable esperar que otros rubros con estacionalidad marcada —retail en diciembre y fiestas patrias, salud con peaks de licencias en invierno, gastronomía y eventos, logística en campañas puntuales— empujen por algo similar.

Qué deberían estar haciendo ya las áreas de personas

Con el proyecto corriendo en una comisión con plazo de 15 días, conviene ir por delante:

  • ¿Tu sistema actual de control de turnos puede trackear un promedio que corre sobre varios meses, no solo sobre el mes en curso?
  • ¿Puedes simular un escenario de temporada alta antes de publicarlo, para saber si te vas a quedar sin margen en el resto del ciclo?
  • ¿Cómo le vas a comunicar a un equipo, con anticipación real, que esta semana trabaja más para compensar con menos en otra?

La flexibilidad en el cálculo no es, por sí sola, ni buena ni mala. Se vuelve un problema cuando se traduce en turnos avisados a última hora y trabajadores que no pueden planificar su semana. Y se vuelve una oportunidad real cuando la empresa tiene la capacidad técnica de dar esa flexibilidad sin sacrificar la previsibilidad que cualquier persona necesita para organizar su vida fuera del trabajo. Esa es, al final, la verdadera prueba que está por venir —no la que se está discutiendo hoy en la comisión.


_Fuentes: The Clinic, El Desconcierto, Diario Usach, Portalnet, ALS 2026, 24horas (todos entre el 20 y el 28 de julio de 2026); El Mostrador (22 y 28 de julio)._

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